A ciegas – Josh Malerman

Como sobrevivir sin poder ver

El auge en la última década de las historias postapocalípticas ha llevado a que al final, dejen de ser algo tan atractivo como lo eran antes. Es difícil acercarse a una obra de este tipo intentando ir con la mente en blanco, sin recordar el buen porrón de historias similares que ya te has tragado. Los puntos de partida siempre son potentes: en este caso, hay algo terrible en el mundo que vuelve loca a la gente que lo ve, por lo tanto deben vivir a ciegas. Esto es algo mucho más agobiante de lo que parece.

 

Cinco años después de que diera comienzo la pesadilla, los pocos supervivientes que quedan viven refugiados en el interior de casas y edificios, protegidos por puertas cerradas y ventanas con las cortinas echadas. Malorie, que ha conseguido sobrevivir en una casa abandonada junto a sus dos hijos, decide abandonar la seguridad de su refugio para emprender un viaje por el río hacia un lugar mejor. En esta peligrosa odisea a ciegas, Malorie sólo podrá confiar en su instinto y en el entrenado oído de los niños, que no tardarán en descubrir que algo los sigue. Pero, ¿qué es? Inmersa en la oscuridad, rodeada de sonidos, familiares unos, estremecedores otros, Malorie se embarca en una tremenda odisea; un viaje que le llevará a un mundo sin visión y de vuelta a su pasado. En un mundo que ha enloquecido, ¿se puede confiar en alguien?

 

Les salvas la vida para que lleven una que no vale la pena vivirse

 

Josh Malerman que lo petó en 2014 con esta obra, su opera prima. El buen hombre llevaba más de catorce inéditos y A ciegas (Bird Box en inglés) el primero que le publicaron. Es fácil ver porque: la historia tiene un buen gancho, pero como decía esto no es suficiente para armar una buena historia si no se desarrolla bien. Malerman no destaca en su prosa pero logra conseguir lo más complicado: mantener la atención del lector. Lo logra gracias a su narración alterna, explicando el presente de Malorie y dos niños que emprenden un viaje para seguir sobreviviendo a esta catástrofe de locura que inunda el mundo, y el pasado de la protagonista: cómo llegó a esta situación tan límite. Esta miguitas de pan que suelta Malerman funcionan muy bien (ayuda que sea una novela contenida de poco más de 200 páginas) en una historia cuyos personajes son bastante decepcionantes.

Hablar de terror moderno sin mencionar a Stephen King es complicado, pero es que el cabrón clava como nadie la locura y desesperación de sus personajes en situaciones límites. A ciegas logra crear un misterio convincente, lo desarrolla bien pero sus personajes son simplemente funcionales, incluso Malorie, la protagonista. Es una carencia importante, pero considero más difícil aun armar una historia donde los personajes no ven: incluso en Ensayo sobre la ceguera, Saramago ponía un personaje que sí veía y servía al lector como herramienta para describir lo que sucedía. Aquí no. personajes y lector saben lo mismo, que es apenas nada. Es pùede frustrar en ocasiones la lectura, sobretodo en los momentos de mayor clímax de la historia, pero me parece todo un acierto. Son situaciones confusas por la indefensión total, el desconocimiento puro. No sé lo que pasa ni puedo entenderlo, el terror definitivo.

 

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A ciegas es una sorprendente opera prima de Josh Malerman: le fallan unos personajes muy limitados y como suele suceder en este tipo de historias con un punto de partida tan potente (una sociedad que enloquece si ve algo inenarrable) el final es más un puro trámite. Pero consigue igual lo más difícil: sacar buen uso de la premisa principal, logrando submergir al lector de lleno en un mundo de locura en el que no debes abrir los ojos.

 

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A ciegas (Bird Box)

Josh Malerman, traducción de Miguel Antón

2015, Editorial Minotauro (edición original 2014)

288 páginas

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