A través de mis pequeños ojos – Emilio Ortiz

Confieso que soy algo alérgico a estas historias emocionales. Por un motivo muy sencillo: es difícil lograr emocionar al lector sin caer en manierismos, en una prosa demasiado rebuscada y expresiva. El drama es un género muy pervertido, aunque también sea el eje de casi todas las buenas historias. Por eso, y por ser una novela con un perro como protagonista, mi primera impresión de A través de mis pequeños ojos, de Emilio Ortiz, era de novela oportunista sin más. Por suerte me equivoqué.

La historia de amistad sincera que tienen Mario y su perro guía Cross es creíble, es conmovedor. Es sincera, sin trampa ni cartón. Narrada en primera persona por el perro, la historia nos cuenta con detalle el encuentro entre los dos amigos en una escuela perros guía en Estados Unidos y como ambos van evolucionando y creciendo juntos en la vida. Ortiz conoce de primera mano cómo de estrecha es la relación entre una persona ciega y su perro guía, puesto que él sufre esta discapacidad.

Ése olor se convirtió en mi favorito. Me acompañó para siempre desde aquel día

Como suele ocurrir en estos casos, la línea de la ficción y los hechos reales vividos por el propio autor es muy difusa y sólo él mismo sabe cuánta verdad hay escondidas en sus palabras. Las tramas de Mario y cómo se desarrolla en la vida, bien sea amigos, parejas o vida laboral, no son tan interesantes y de hecho se tejen de una forma un tanto simplista. No es lo importante aquí, sino cómo interpreta Cross la vida de su amo. El punto de vista perruno de los ‘humanoides’ como él llama a los humanos, sirve al autor para ironizar sobre las costumbres humanas, nuestros pactos sociales y nuestra pérdida de naturaleza salvaje en pos de la convivencia social impuesta.

Una prueba de fuego para el corazón

De una forma delicada se nos conduce a un temido pero bello final, a la altura de las expectativas. No es un relato puramente buenrollista, sino sincero y realista. Ofrece una visión sin edulcorar de la vida de una persona ciega y su perro, con sus problemas cotidianos. Es un canto de amor a la amistad, escrito con mano firme y sin caer el la lágrima fácil. Toda una sorpresa.

 

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Emilio Ortiz: A través de mis pequeños ojos,

2016

Editorial Duomo, 256 págs.

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