Asesino real (Trilogía del Vatídico 2) – Robin Hobb

Dejé claro en mi reseña de Aprendiz de asesino que mi debut con esta autora no podría haber sido mejor. Simplemente me encantó la novela. Por eso mi ganas de leer su secuela, Asesino Real, no podían ser más altas; no siempre es bueno dejarse llevar por las expectativas. Asesino Real es una segunda parte de manual. Y más teniendo en cuenta que forma parte de una trilogía. Está bien, pero siempre se deja lo mejor para el final. Aquí hay una diferencia: el primer libro tiene unas 300 páginas, su secuela 600. Y la tercera entrega 800. Ya os digo sin haber leído el último libro que flaco favor le hace el aumento de páginas.

Aunque maltrecho, Traspié ha sobrevivido a su primera misión como asesino del rey. En la corte casi todos desprecian su condición de bastardo, de modo que decide permanecer en las lejanas montañas adonde ha ido a guarecerse. Sin embargo, unas noticias que reclaman su atención y un amor que se tornará inalcanzable lo urgen a regresar a Torre del Alce. Allí se reencuentra con las mortíferas intrigas de la familia real, mientras los Corsarios de la Vela Roja reanudan sus feroces ataques sobre la costa, dejando a su paso aldeas calcinadas y víctimas enloquecidas. El reino está al borde de la guerra y su salvación vuelve a estar en manos de Traspié… si acepta realizar el mayor de los sacrificios.

Qué idioma más extraño, el vuestro. Habláis de matar el tiempo como hablaríamos en la montaña de sacrificar una res enferma. Como si fuera algo que se tuviera que exterminar

Este segundo libro conserva todo lo que hace bueno el primero: un tono pausado, casi costumbrista diría, y una aventura más llevadera, sin tanto trasfondo como suele ocurrir con las novelas de fantasía épica de este estilo. Me sigue gustando que la novela sea en primera persona y contada a modo de memorias: las introducciones de cada capítulo sirven para que Traspié, el protagonista que nos cuenta su historia, pueda condensar los hechos y se vaya al grano a los episodios de su vida que considera importantes.Eso no exime a la novela de que resulte demasiado lenta. En el primero libro es excusable al narrarnos la infancia del protagonista. Pero en esta secuela, con todos los nudos dramáticos ya desatados y siendo Traspié ya un adolescente hecho y derecho, hay que aligerar el ritmo. La historia evoluciona y la prosa de Hobb, pese a ser muy disfrutable, puede resultar exasperante por su pausado ritmo. Que la novela tenga el doble de páginas que la anterior no ayuda en absoluto a paliar este tedio.

Pero la espera bien vale la pena.  Pese a que toda la trama de conspiraciones y ardides no se desmadeja todo lo rápido que debería, la traca final es de órdago. No es una novela que introduzca muchos personajes nuevos, pero tampoco los necesita para funcionar a la perfección. Incluso lamento que los que ya hay, como Lady Paciencia, no se les saque más partido.

Me sigue gustando la Trilogía del Vatídico. Es cierto que con Asesino Real, Hobb coge todo los males de las sagas de fantasía. Tochos enormes con más secuelas detrás que pueden matar el interés. Pero también lo es que me parece una novela diferente al resto: tiene cierto aroma a tragedia griega que me cautiva, y con sus peros, la voz de Robin Hobb me parece única en el género.

 

 

Asesino real (Trilogía del Vatídico 2)

Robin Hobb, traducción de Manuel de los Reyes

2014, Plaza & Janés (edición original 1996)

656 páginas

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