Buenos presagios – Terry Pratchett y Neil Gaiman

La llegada del Anticristo

Es difícil equivocarse con Terry Pratchett. Es obvio que con las cuarenta novelas que abarcan el Mundodisco, algunas co-escritas con otros autores, el nivel es irregular; Rechicero mismamente me gustó lo justo. Pero en líneas generales sus libros entretienen, te hacen asomar una sonrisa en la cara que tarde o temprano acaba en carcajada. Cuando eso no sucede entonces tenemos un problema.

 

Según Las Buenas y Acertadas profecías de Agnes la Chalada, Bruja (el único libro fiable de profecías, escrito en 1655, antes de que ella explotara), el fin del mundo tendrá lugar el próximo sábado. Los ejércitos del Bien y del Mal se están agrupando, la Atlántida está resurgiendo, llueven sapos y los ánimos están algo alterados así que… todo parece ajustarse al Plan Divino. De no ser por un ángel quisquilloso y un demonio buscavidas que han vivido a costa de los mortales desde el comienzo de los tiempos y que no están dispuestos a aceptar tan fácilmente eso del «Fin de la civilización tal y como la conocemos». Y… ¡vaya por Dios! ¡Parece que alguien ha hecho desaparecer al Anticristo!

 

Cierto era que estaba escuchando la cinta Best of Queen, pero no se debería sacar ninguna conclusión de ello, porque todas las cintas que se pasan dos semanas o más en un coche se transforman automáticamente en los éxitos de Queen.

 

Ver que dos titanes de la fantasía se unieron en 1990 para crear una obra juntos es algo que eleva muchísimo las ganas por leer lo que puede salir de ahí. Iba con ganas de ver qué hicieron Neil Gaiman y Terry Pratchett, ambos británicos, en su particular comedia sobre el bien y el mal, con la llegada del Anticristo de por medio. Y a medida que leía, las ganas desaparecían. Capítulo tras capítulo esperaba ése momento de genialidad para desternillarme de la risa, pero no llegaba. 

Veo la sátira que Pratchett y Gaiman tejen: una charada que enfrenta a un Cielo e Infierno llenos de burocracia, ineptitud, con un Anticristo decepcionante. Una comedia de enredos con el particular humor británico, que se ríe de la cotidianidad, las tradiciones y todo lo que se plante por delante. Pero detrás de cada chiste, no demasiado afinados, hay una historia que va muchísimo más lenta de lo que debería. Si hay que mirar a alguien, diría que en esto pesa más el lado de Gaiman, más propio a dar circunloquios a sus historias, afectando así al ritmo narrativo del libro, llevandólo a cotas exasperantes con cada línea de detalles curiosos que añade.

No me suele gustar ésa constante intromisión a la narración: Eslava Galán lo hace en sus novelas de divulgación, llenas de notas a pie de página que es imposible no leerlas pero que desvían la atención a lo que se explica. Entorpece la narración.  Lo más interesante el epílogo, dónde ambos autores por separado explican el origen de la novela.

 

Me imagino que Ligur daría el brazo derecho por una oportunidad como ésta. —Cierto —asintió Ligur. El brazo derecho de alguien, en todo caso, pensó. Todo aquello estaba lleno de brazos derechos; no había por qué malgastar el propio.

 

Pratchett y Gaiman son dos autores geniales. Pero juntos no me funcionan. Creo que se anulan mutuamente y aunque la historia de Buenos Presagios tiene buenas ideas y un planteamiento potente, es menos ácida y más enrevesada de lo necesario. No siempre se suma juntando talento.

 

 

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Buenos presagios  

Terry Pratchett y Neil Gaiman, traducción de María Ferrer

2016, Minotauro (edición original 1990)

464 páginas

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