Dark Fantasies: Antología de fantasía oscura, VVAA

Dentro de unos años echaremos la vista atrás y veremos que el trabajo de Mariano Villareal con sus antologías  habrá marcado un antes y un después. Abundan en el mercado las recopilaciones de relatos pero pocas que sean tan constantes, de tanta calidad y diversidad como las de Nova Fantástica, el sello bajo el que se publican. Dark Fantasies es el séptimo volumen, financiado con éxito gracias al micromecenazgo. Al contrario que las otras antologías, más orientadas a la ciencia ficción, esta se centra en relatos de fantasía oscura. Diez relatos internacionales y cinco de nacionales, más una novela corta final. 16 obras en total,  el doble de lo que suele ser habitual en las antologías anteriormente publicadas. Eso para mi como lector, que a priori debería estar entusiasmado por tener más contenido, ha hecho que me cueste más acabar esta antología.

Los libros de relatos los tomo que lecturas de refresco: tener uno a mano siempre va bien cuando te saturas de novelas más largas o cuando dispones de poco tiempo. La lectura de Dark Fantasies la he encarado así, pero al tener un buen puñado de relatos me daba la sensación que no progresaba nunca y jamás se acababa. Disfrutaba de la lectura, a mi ritmo, pero con menos relatos posiblemente se me hubiera hecho una lectura más llevadera. Sobre el nivel de los relatos, como siempre genial. Es obvio que no he conectado con todos de igual manera, cosa que voy a desgranar ahora relato a relato:

 

Unas vacaciones que nos libren de los días grises, de la lluvia, de las hipotecas, de la conciencia y de la moral. Sobre todo de la moral

 

Hijas hambrientas de madres famélicas, de Alyssa Wong: Multipremiado relato sugerente y aterrador a la vez, sobre una joven y un don muy particular que tiene. Un relato inicial redondo.

La hija del fabricante de ataúdes, de Angela Slatter:  Relato también premiado de corte más de terror clásico sobre la muerte con un sepulturero y su especial hija. No acabé de conectar con el.

Cuando termina, él la coge, de Eugie Foster: un pequeño cuento oscuro, muy melancólico y bonito a la vez, sobre una extraña pareja de baile. Genial.

Cántame tus cicatrices, de Damien Angelica Walters: Uno de mis favoritos sin duda. Una historia desgarradora que gira alrededor de una mujer hecha de pedazos, a lo Frankenstein.

El mar de árboles, de Rachel Swirksy: Otro de mis favoritos. Una historia de fantasmas bastante aterradora y bien ambientada en el famoso bosque japonés de Aokigahara.

La novia de Frankenstein, de Mike Resnick:  Genial relato de humor a cargo de Mike Resnick, prolífico autor y ya presente en otras antologías, dónde le da un giro muy interesante a la historia conocida de Frankenstein.

Magdala Amygdala, de Lucy A. Snyder: Una historia de terror con virus de por medio. Otro de mis favoritos, que me ha recordado ligeramente a otros relatos de Felicidad Martinez y Charles Stross, aunque no sé explicar muy bien por qué.

Dale miel cuando la oigas gritar, de Maria Dahvana Headley: Una historia de corte más fantástico sobre el amor de una forma grotesca con la cuál no conecté.

Tu suffering nos protegerá, de Mercurio D. Rivera: Una suerte de distopía en unos EEUU muy cambiados por culpa de la guerra. Un relato sobre la immigración muy necesario y original, pero que no acabó de gustarme.

Corriente y remanso, de Caroline M. Yoachim: Una historia de amor y muerte muy pequeñita, breve y eficaz. Es lo que espero de relatos breves de este tipo.

El naturalista, de Maureen F.McHugh: Otro relato futurista ambientado en unos EEUU con zombies de por medio. No logré acabarlo, pese a no ser demasiado largo.

 

Este suelo aún conserva las cicatrices de aquellos bailes

 

Antemusa Bar & Club, de Víctor Selles: Uno de los relatos más sorprendentes de la antología, sobre el turismo sexual en el futuro. Una mezcla entre lo que propone Capek en La Guerra de las Salamandras y el relato Casas Rojas de Nieves Delgado (publicado en Alucinadas).

Profundo, profundo en la roca, de Ferran Varela: Una historia fantástica, de corte casi místico y ritualístico. No es de mis favoritos, pero me parece muy acertado dentro de la antología por lo diferente que es.

Cuchara de plata, de Alfredo Álamo: Un relato de fantasía urbana genialísimo. Vibrante e original en apenas unas pocas páginas. Mitología en los barrios bajos. Uno de mis favoritos.

Humo y espejos, de Elia Barceló: Me gusta Barceló, me gusta su estilo y como escribe, que es fenomenal. Pero este relato me parece algo menor dentro de su obra. Aun así, es una gozada leerla.

Los reyes muertos, de Teresa P. Mira de Echeverría: No es el primer relato que leo de esta autora (hay relatos suyos en Alucinadas y Terra Nova) y jamás he logrado conectar con su estilo. Este relato tampoco lo ha hecho. Espero encontrar en el futuro ésa obra que me haga clic con ella.

Habba Habé, de Ludo Bermejo: Novela breve de corte colonial ambientado en África, con sus mitos, fantasmas y giros de guión sorprendentes. Su asombrosa ambientación de la jungla me ha recordado a Yabarí, de Lola Robles. Es un broche final perfecto para esta antología.

 

¿Es Dark Fantasies una buena antología? Por supuesto. De las que he podido leer de Nova Fantástica no hay ninguna desdeñable. Ahora bien, 16 relatos de me han hecho algo pesados de leer, pese a ir fraccionando su lectura. Pero con los relatos que he logrado conectar, la mayoría, su lectura ha valido bien la pena. Que se siga manteniendo el nivel en futuras antologías, todos ganamos aquí.

 

 

Dark Fantasies: Antología de fantasía oscura,, VVAA 

2017, Sportula

318 págs

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