El Arcano y el Jilguero – Ferran Varela

Fantasía oscura Made in Spain

Ferran Varela fue una pequeña sorpresa en septiembre del año pasado. El autor barcelonés debutó con La danza del gohut, una estupenda novela corta que para mí fue uno de los mejores libros que leí el año pasado. En el relato ya tiene algo más publicado, sobretodo en la antología Dark Fantasies con un cuento que fascinaba por la mitología que lograba presentar en un formato tan breve. Ahora es el turno de la novela pura y dura: casi cuatrocientas páginas de fantasía oscura Made in Spain, Made in Varela.

 

Mezen el Ariete es un Arcano del Tormento, un demonio inmortal que disfruta desollando a sus víctimas. Su oficio, torturador al servicio del Imperio, lo ha llevado a cometer crímenes aberrantes contra personas indefensas, y la única ayuda con la que cuenta para sobrellevar la culpa es el convencimiento profundo de que lo hace por un bien mayor. Pasa los días viajando de un frente a otro, rindiendo ciudades asediadas y sofocando rebeliones para el Emperador Thien Seedveen, un tirano megalómano del que ha jurado vengarse en cuanto no haya más tierras por conquistar. Sin embargo, el precario equilibrio de la danza que debe bailar para perseguir sus propios fines mientras finge lealtad al Imperio se ve alterado cuando conoce a Nara, una huérfana de guerra que no lo trata como al monstruo que él mismo cree ser.

 

Cuando un sentimiento alcanza cierta magnitud, las palabras dejan de ser sus alas para devenir cadenas que le impiden remontar el vuelo.

 

Hay un punto en común en la breve bibliografía de Varela: su amor por la mitología. Todo el folclore, las sociedad, los mitos y leyendas de sus mundos de ficción son increíbles. La construcción del mundo que se denomina en la fantasía. Sorprendentemente ricos y cautivadores. En el Arcano y el Jilguero sigue con ello pero con la vastedad que otorga dejar el género breve y tirar por una novela completa: os vais a quedar saciados de todo el contexto que ha creado Varela para narrar esta historia. Por suerte lo hace de una forma hábil, sin abrumar en largos capítulos al principio del libro, sino de forma gradual, muy compensada y natural. Como un cuento mismo. La escritura profundamente lírica de Varela acompaña a la perfección el tono onírico y místico del mundo de Hann.

Esta capacidad inventiva recuerda, pero no iguala, la tremenda imaginación que desata Sanderson en sus novelas. No es la única comparación que se le puede hacer a El Arcano y el Jilguero: una prosa lírica similar a la de Rothfuss, un mundo de fantasía con toques de Sanderson pero con la oscuridad y épica que Erikson ofrece en Malaz, un duo protagonista y planteamiento similar al que propone Sapkowski en Geralt de Rivia. Son muchos los paralelismos que se le pueden encontrar. Esta novela coge un poco de todo, lo hila bien pero con algunas flaquezas evidentes.

 

Reza el refranero popular que «sólo en la muerte y el sueño son iguales el esclavo y el dueño».

 

El primer capítulo es soberbio. Toda la sintesís del libro está ahí. La moralidad ambigua de Mezen, el mundo brutal que le toca vivir, el misticismo que ensombrece a los habitantes de Hann. Las expectativas son altas y es difícil mantenerlas. Por desgracia, el juego moral de Mezen y la astucia que vemos en este primer capítulo se desdibujan más rápido de lo que cabría esperar. Rápidamente entra en escena Nara, una huérfana que hace de contrapunto a Mezen y que le sirve para recordar que sigue siendo un ser humano. Pese que Mezen siguen conservando su carisma, y la primera persona en la que se narra el libro ayuda a empatizar más con él, cambia enseguida el chip y asume su nuevo yo con mucha facilidad. Tampoco demuestra su ingenio en los diferentes problemas que se va encontrando. Es un personaje cuyo potencial está en la astucia y sin embargo casi todo se acaba resolviendo con acero de por medio. Me decepciona, aunque Varela describe las escenas de acción de una forma limpísima y legible que pocos autores son capaces de lograr. Me gustaría mucho verlo en alguna novela de fantasía épica o histórica con grandes batallas, podría hacer cosas muy interesantes.

De todas las referencias que se le pueden encontrar la de la saga de Geralt de Rivia es la más obvia y más eficaz para explicar los puntos débiles de El Arcano y el Jilguero. Comparten personaje torturado y defenestrado, de moral ambigua, errantes y con un personaje femenino (Ciri/Nara) que es un contrapunto a su carácter. Donde Sapkowski sale airoso, Varela apenas lo esboza. El desarrollo de El Arcano es episódico pero siempre con la trama general muy presente, y creo que ahoga más de la cuenta a las pequeñas historias donde el personaje de Mezen/Arcano del Tormento podría haber brillado mucho más. Al final, las cuatrocientas páginas se quedan cortas en un tanto abrupto final, con continuación asegurada por el autor.

 

El tiempo deja de ser un río para tornarse esa melaza amarga en la que se embadurnan las confesiones; la atmósfera espesa en la que les gusta nadar a los secretos.

 

El Arcano y el Jilguero es una novela cautivadora. Todo el mundo que crea Varela para este libro es impresionante y está francamente bien desarrollado. Su prosa, muy lírica, lo acompaña bien. Pero es en la construcción de tramas y desarrollo de personajes donde flojea.  El Arcano del Tormento puede tener historias mucho mejores. Me recuerda a Elantris, la primera novela publicada de Sanderson, con problemas y fortalezas similares. ¿Lo malo? Tiene más flaquezas de lo que me esperaba. ¿Lo bueno? Varela ya ha hecho la mitad del camino aquí, ahora falta dar más empaque a sus personajes y tramas. Pese a todo, recomiendo el libro sin duda, pero más que recomendaré futuras secuelas si Varela continua progresando como escritor.

 

 

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El Arcano y el Jilguero

Ferran Varela

2019

Ediciones El Transbordador, 374 págs

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