Galveston – Nic Pizzolato

No voy a negar que si me he leído Galveston ha sido por Nic Pizzolato y su conocida serie True Detective. Por eso también se editó este libro aquí, pues Pizzolato sólo ha escrito esta novela y relatos cortos recopilados en La profundidad del mar amarillo. Todos estamos aquí por lo mismo: ¿es Pizzolato flor de un día o tiene mucho que decir como narrador?

Alto, corpulento, con barba y melena, sombrero de ala ancha y botas de cowboy, el texano Roy Cody lleva unos años ejerciendo de matón profesional en Nueva Orleans. Roy es un tipo tranquilo, comprensivo, capaz de ver el lado filosófico de las cosas, lo cual no le impide ser implacable cuando la ocasión lo requiere. Pero su vida da un giro radical el día que le diagnostican un cáncer avanzado. De pronto, sus puntos de referencia se trastocan, y el relieve de la realidad cobra una nueva dimensión. Ante la sospecha de que su jefe, el poderoso extorsionador Stan Ptitko, quiere quitárselo de encima, Roy se despoja de sus ataduras e inicia una frenética carrera hacia un horizonte desconocido, donde su encuentro fortuito con una joven desamparada le brindará, tal vez, la ocasión de darle un nuevo sentido a su existencia.

Quejándose de su vida cuando a mí ya me estaban tomando las medidas para el ataúd

 

Es posible escribir una novela ambientada en Nueva York desde la otra punta del mundo en pijama desde casa, pero soy firme defensor de escribir sobre lo que has mamado. Si alguien ha vivido la crisis financiera de la pasada década, como es el caso de Marc Pons en La caixa negra, pues se nota que sabe de lo que habla cuando se mete en los chanchullos de las cajas de ahorro.  La Cádiz Las tres muertes de Fermín Salvochea tiene un halo especial y no es casualidad, Jesús Cañadas es gaditano y escribe sobre lo que ha vivido.

Todo es ficción, todo se puede recrear con el suficiente ingenio y documentación (en el caso de la novela histórica no hay otra manera, como es lógico) pero ése plus de autenticidad no te lo quita nadie. Por eso, el ambiente sureño norteamericano decadente y violento que hemos visto mil veces en el cine, sigue sonando veraz en la novela de Pizzolato. Nació y creció en Nueva Orleans, Luisiana. Y aunque Galveston está plagada de tropos ya conocidos (una road trip de dos personajes solitarios y rotos, el matón y la lolita, bajos fondos) no desentona. La melancolía y fatalidad que arrastra toda la novela deja poso en una historia que se le pueden achacar mil problemas, pero ninguno suficientemente importante como para no dejarte oír el poderoso relato que se narra.

 

He conocido tipos así toda la vida, palurdos de pueblo sumidos en un resentimiento permanente. De niños maltratan animales pequeños y al hacerse mayores azotan a sus hijos con el cinturón y estrellan sus camionetas por conducir borrachos, a los cuarenta descubren a Jesús y empiezan a frecuentar la iglesia y a ir de putas

 

Esta reseña la escribo con una relectura de la novela. La leí cuando se publicó en español. Me gustó sin más. Pero con los años, he acabado recordando esta historia por su tono único que tiene. Es un ejemplo claro de cómo una historia conocida se puede renarrar si se logra impregnar el relato con un estilo personal. No le gustará a todo el mundo, pero las playas de Galveston se me antojan un fin de viaje perfecto.

 

 

Galveston

Nic Pizzolato, traducción de Mauricio Bach

2014,  Salamandra Black (edición original 2010)

288 páginas

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