La larga marcha – Stephen King

Si La Larga Marcha fuera escrita en pleno 2016, seguro que a Stephen King le hubieran dicho que reorientáse la historia para que tuviera algo más de romance, una crítica al sistema más leve, y en definitiva, que lo edulcorara más. Pero no, La larga marcha fue publicada originalmente por Richard Bachman, seudónimo que usaba King, en 1979. Lo que a priori parece una novela de aventuras para un el público juvenil, el tan cacareado hoy en día young adult, presenta un futuro distópico con muy pocas concesiones al positivismo.

Situado en un futuro próximo, la trama gira en torno de los participantes de una gran caminata, concurso de caminar, celebrada anualmente por el gobierno norteamericano. El protagonista, Ray Garraty, es escogido por azar entre millones de personas para participar en la larga marcha, una carrera en la que 100 competidores se juegan la vida para intentar ganar un premio, fama, fortuna y lo que el ganador pida. Quién pare o baje el ritmo, muere. Es una carrera a vida o muerte. Y sólo hay un ganador.

“Camina o muerte, ésa es la moraleja de este cuento.”

Stephen King confesó años más tarde que La larga marcha fue la primera novela que escribió, ocho años antes de publicar Carrie (1974), su primera obra publicada. Ya se aprecian en esta novela los trazos distintivos de King: un amplio plantel de personajes, llevados a situaciones extremas dónde aflora su yo verdadero. La particular radiografia del comportamiento humano que tanto gusta a los fans del autor. En La larga marcha son adolescentes todos sus protagonistas, y sus comportamientos aun son más radicales. Jóvenes que están madurando a marchas forzadas en un entorno hostil. King no se anda con chiquitas: los corredores de la gran maratón, son egoístas, envidiosos, y harán lo posible por sobrevivir cuando se ven contra las cuerdas. Es un ejercicio similar, aunque no tan certero, al que hizo William Golding en su obra magna El señor de las moscas. También recuerda a Battle Royale (Koushun Takami, 1999), novela japonesa conocida por su adaptación al cine (Takeshi Kitano, 2000), con la que comparte el punto de vista fatalista y nada épico de la supervivencia. Esto no es Los Juegos del Hambre, no hay nada glorioso ni en la carrera en la que participan los corredores, ni en sus motivaciones (ni ellos mismos lo tienen claro), ni siquiera en el final de la novela.

El marco en el que sucede la historia no es relevante para el desarrollo de la misma, aunque King salpica todo el trayecto de la larga maratón con pequeñas gotitas sobre el particular futuro opresivo y malsano en el que viven los jóvenes corredores. Un destello de distopía que se complementa bien con el tono de la historia. La larga marcha no es de las obras más populares de Stephen King, a pesar de ser la primera que tiene todos los elementos que caracterizan las obras del escritor, menos el de la longitud extrema de los libros. Una novela a la que mucha ciencia ficción juvenil moderna le deben más de lo que les gustaría reconocer.

Stephen King: La larga marcha, 2013 (edición original 1979), Debolsillo, 237 págs.

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