La piel fría – Albert Sanchez Piñol

La piel fría es uno de los éxitos de la literatura española de las últimas décadas. No porque haya triunfado aquí, sino por su exportación al extranjero. Editada en catalán por primera vez en 2002, en 2005 llegó el turno de la traducción al castellano, la novela acumula más de 37 traducciones. Un éxito aún más encomiable de un autor por entonces desconocido, Albert Sánchez Piñol, y encima de una novela con tintes fantásticos y de terror. Que recuerde, sólo es equiparable al caso de Ruiz Zafón en cuanto a éxito. Y también podemos decir en calidad, porque La piel fría es una novela que no deja indiferente al lector.

En una isla perdida en medio del océano, dos hombres encerrados en un faro se defienden, noche tras noche, del asedio de unas extrañas criaturas submarinas que los atacan sin que los hombres lleguen a saber muy bien por qué. Sometidos a la extrema tensión de los ataques nocturnos, desesperados ante la imposible victoria, los protagonistas tendrán que replantearse su actitud ante lo desconocido para resolver la difícil situación en que se encuentran.

No era un recluso en mi islote, solo de mi memoria

Comienzo destacando lo que más me ha sorprendido de la novela: y es el estilo literario de Sanchez Piñol. En mi caso, lo he leído en catalán (bajo edición de La Campana), desconozco cómo será su traducción al castellano, pero si conserva el rico lenguaje y la excelente armonía narrativa, vale la pena adentrarse en el mundo que propone el autor sólo para disfrutar de un trabajo literario digno de aplauso. También destaca la simpleza de la historia: tres personajes, un enemigo, una isla. Apenas nada más. Con estos pocos elementos y breves trazas del pasado de los personajes, Sanchez Piñol es capaz de armar una historia coherente, bien hilvanada y que funciona con la precisión de un relojero. Demuestra el buen hacer narrador con su menos es más.

La piel fría trata numerosos temas como la soledad, el amor, la guerra y lo que nos hace humanos. De forma gradual, sin resultar demasiado violento pero tampoco sin caer en simplismos. El juego que ofrecen dos protagonistas tan diferenciados como el joven e idealista guerrillero irlandés y el taciturno y violento Batís Caffó ofrecen chicha de sobra para armar una genial historia, con el broche de oro con el enemigo desconocido, unos seres acuáticos algo lovecraftianos, y una isla remota y solitaria.

Nunca habría pensando que el infierno sería un reloj sin aguja

A menudo se habla de La piel fría como una mezcla entre Robinson Crusoe, el terror de King y la supervivencia de El señor de las moscas. Comparaciones acertadas en su justa medida: son referentes muy potentes y La piel fría, pese a ser una novela que abarca muchos temas, tampoco remata del todo ninguno. Es está sensación de desazón, de cierta frialdad (valga la redundancia) de la historia, la que me ha tirado un poco atrás. Es complicado empatizar con la desesperación que viven ambos personajes (a pesar que la primera persona y muchas tramas que elabora Sánchez Piñol van en esa dirección), y deja un regusto algo insulso.

Es esta ambigüedad de su final y de todo lo que plantea la novela, que al final debe ser el lector el que saque sus propias conclusiones de lo que ha leído y lo que plantea. En cualquier caso, el rico viaje que nos ofrece Sanchez Piñol y su envidiable prosa, hacen que La piel fría merezca una oportunidad. Siempre será necesario un nuevo oficial atmosférico en la isla.

 

 

La piel fría, Albert Sanchez Piñol

2016 (edición original 2002) , La Campana

312 págs

 

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