La polilla en la casa del humo – Guillem López

Bienvenidos al pozo, una caverna insondable con mil galerías y túneles, fortalezas pétreas cerca de la superficie y barrios profundos de nichos cavados en la roca. Así de potente arranca la sinopsis de La polilla en la casa del humo, la última novela del valenciano Guillem López, autor de otras tres novelas como Challenger o Dueños del destino que deslumbra con fuerza propia con una historia desasosegante y llena de carisma.

Veintiuno, es un joven que vive en el pozo y que pasa las horas envuelto en una nube de bok en la casa del humo, desde donde interpreta sus posibles destinos: entregar su cuerpo al dios de la mecánica y ser útil en una excavación sin fin, convertirse en un paria o, finalmente, ascender a través de los bajos fondos, pero deberá pagar un alto precio por medrar.

“Somos tan miserables que ni soñar sobrios nos está permitido”

Oscura, fría, agreste, pesimista. La historia de La polilla en la casa del humo no se anda con rodeos: aquí la esperanza es un lujo que lector (ni los personajes del libro) se pueden permitir. El pozo se describe como un lugar opresivo y decadente, marginal, dónde la razón ha dejado paso a los instintos más primitivos y a cultos bizarros que controlan esta subsociedad. Con ciertos matices que recuerdan al mundo apocalíptico que George Miller plantea en sus películas de Mad Max, Guillem López desgrana poco a poco el pequeño mundo que ha creado, pero sin llegar a dar todas las respuestas. Tampoco las tiene Veintiuno, el joven protagonista que anda perdido por el pozo en busca de un sentido a su inútil vida, mientras pone de patas arriba su pequeño mundo dejando un reguero de cadáveres y desastres tras de sí.

López no se nada con remilgos en su escritura: descripciones explícitas, muchas palabras malsonantes, pero son coherentes con la descripción de la miseria humana que relata. A La polilla en la casa del humo se le pueden encontrar muchos parecidos: un cruce entre mundos apocalípticos como el de Mad Max o Metro 2033, el existencialismo de El guardián entre el centeno o incluso algunos fragmentos finales me recordaron a El perfume, de Patrick Süskind. Pero lo cierto es que no se parece a ninguno de ellos. Es una novela que destaca por sí misma, inclasificable y difícil de comparar. Una auténtica sorpresa de la literatura nacional, editada con gusto por Aristas Martinez.

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Guillem López, La polilla en la casa del humo

2016, Aristas Martínez

170 págs

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