Muerte sin resurrección – Robert Martínez Guzmán

El mercado del libro digital tiene algo curioso, y es su particular esfera de escritores y bestsellers particular. Obras que copan las listas de ventas digitales, por lo general autoeditadas, y que han sido éxitos de ventas a partir de la promoción activa de los autores y del revuelo en redes sociales que generan. Muerte sin resurrección, del orensano Robert Martínez Guzmán, es un ejemplo de ello, más de 25.000 copias digitales vendidas.

La novela gira alrededor de una serie de asesinatos que tienen lugar en Ourense, sin aparentemente relación alguna entre ellos. Pero una señal de identidad de la asesina deja claro que se trata de la misma persona, Emma, una chica sumamente inteligente con un plan elaborado y un motivo que la lleva a actuar de esa forma. Eva, inspectora de policía, es la encargada del caso. Así comienza una carrera contrarreloj para evitar más muertes.

“A menudo, mujeres y hombres que convierten a la modestia en su principal virtud tratando de esconder que, en realidad, tampoco disponen de otras.”

Muerte sin resurrección es la primera novela sobre la inspectora Eva Santiago, que curiosamente poco o nada pinta en el libro. De hecho es la asesina, que desde el principio sabemos quién es, la que se lleva todo el protagonismo. La novela alterna la narración de la investigación de la inspectora y breves capítulos introductorios de las víctimas justo antes de morir. Esta estructura dinamiza mucho el desarrollo de una historia algo irregular. Como toda buena novela policíaca, el lector puede atar cabos fácilmente de los motivos de la asesina – aquí no hace falta adivinar ya quién es, aunque eso no resulta un verdadero hándicap – pero éstos son bastante pobres. El escaso protagonismo en la inspectora tampoco ayuda demasiado y el caso acaba siendo más una colección de asesinatos macabros que una verdadera investigación con intriga por cómo se va a desarrollar.

La primera entrega de las aventuras de Eva Santiago dista mucho de ser memorable. El libro es demasiado corto para sacarle verdadero jugo, pero debo reconocer que hasta la mitad de la novela quede bastante enganchado por saber como seguía. Eso es cuanto menos un logro por el cuál merece darle una nueva oportunidad a futuras entregas de la saga policíaca.

Robert Martínez Guzmán: Muerte sin resurrección, 2012, autoeditado, 260 págs.

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