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Tenía ganas de hincarle el diente a Philip José Farmer. Su saga más conocida, El Mundo del Río, es uno de mis eternos pendientes de la ciencia ficción contemporánea. A la espera que alguien reedite las novelas, Gigamesh recupera al olvidado autor con un sorprendente relato breve: Mundo Infierno (Inside Outside, 1964)

El Infierno es el interior de una esfera yerma, jalonada de ciudades de piedra, cuyas llamas se extinguieron tiempo atrás a causa de la inflación provocada por el flujo de almas. Los demonios, desbordados en número, viven esclavizados o escondidos en las alcantarillas, mientras X aparece esporádicamente y pregona una vida más allá. ¿de qué? ¿Quién es X? ¿Cuál es el destino final de las almas?

Una vez hubo un hombre que llevaba una buena vida, o eso pensaba él, y una persona es lo que piensa que es, verdad?

Farmer imagina un infierno conocido y a la vez surrealista. Una mezcla entre lo más tedioso y aborrecible de la vida humana y elementos propios de los infiernos tal y como nos los han explicado las religiones. Ahora bien, Farmer otorga giros irónicos en su mundo particular: esta vez son los demonios los esclavos y no los amos del cotarro. Nadie sabe cómo funciona exactamente este mundo infernal, si es un purgatorio o no, pero todos se empeñan en sobrevivir en una sociedad cínica, egoísta y detestable. El protagonista Jack Cull, cuyo nombre en inglés recuerda a chacal (jackal) como bien apunta Phyllis, otra de las personajes clave de la novela, es exactamente eso: un chacal. Un depredador que busca sobrevivir a toda costa. Es racista, es misógino, no duda en chafar a quién sea con tal de permanecer con vida. Pero también se hace preguntas y es aquí donde entra la figura de X, una suerte de Dios, que otra vez, nadie comprende del todo. Jack, Phyllis, una antigua novia, y el creyente Fiódor se embarcan en una aventura por entender porque siguen sobreviviendo en el infierno.

La novela es un pastiche cifi de ideas surrealistas y aventuras imposibles a las que hay que seguir el hilo con fe ciega para poder llegar al revelador final, dónde Farmer hace encajar algunas piezas que dan sentido (o no) a la existencia de los protagonistas. Un relato breve que hay que leer con la mente abierta, disfrutando el alocado mundo que propone su autor y sus reflexiones llenas de sátira e humor negro sobre el existencialismo y las creencias que tenemos los seres humanos. A mí me ha abierto el apetito a leer más de Farmer, y ojalá no tengamos que esperar mucho para poder disfrutar de su legado en condiciones.

 

Philip José Farmer, Mundo Infierno

2017 (edición original 1964)

Ediciones Gigamesh 128 págs.