Stalker. Pícnic Extraterrestre – Arkadi y Borís Strugatski

Mi primer acercamiento a los hermanos Strugatski fue con Que difícil es ser dios, una novela breve que regaló la editorial Gigamesh por Sant Jordi hace ya unos cuantos años. La recuerdo como una novela un tanto rara pero con un aire fascinante a la vez. Tengo pendiente releerla, pero mientras me decido he dado un tiento a una de sus obras más famosas que, también Gigamesh, reeditó en 2015: Stalker: Pícnic Extraterrestre. Antes de su reedición, siendo un libro prácticamente imposible de conseguir, lo leí de una versión guarrera que pulula por la Red de la cual no entendí nada. Ni os acerquéis, ya no vale la pena. Gigamesh ha hecho una labor fantástica con esta reedición, con nueva traducción directa del ruso, portada de Alejandro Terán, a precio comedido y sobretodo, con prólogo de la gran Ursula K. Le Guin y entrevista final a Borís Strugatski sobre la creación de este libro.

 

Unos extraterrestres hacen una breve parada en la Tierra y prosiguen el viaje sin mostrar ningún interés en la humanidad. Pero, como excursionistas displicentes, dejan restos y basura tras sus pasos, y los lugares así sembrados pasan a llamarse Zonas. Redrick Schuhart es ayudante de laboratorio en el instituto internacional que estudia el fenómeno, pero de noche es stalker: se juega la vida entrando en la Zona para sacar tecnología alien de contrabando.

 

No tengas miedo, conmigo todo irá bien, y si no, no pasa nada

porque solo nos morimos una vez

 

La novela se estructura en cuatro capítulos, principalmente protagonizados por el personaje de Red, con saltos cronológicos entre ellos. El prólogo, un extracto de una entrevista de radio local a un científico, ya nos advierte del tono sarcástico y distante de la obra: ha habido un contacto extraterrestre, pero tal como llegan se van. Y las zonas en las que estuvieron se convierten en espacios en cuarentena. Nadie sabe nada más, ni los habitantes ni los científicos. Y tienen que convivir con ello, con ésa ignorancia sobre lo sucedido. Este es un punto importante, porque en ningún momento se intenta dar una explicación racional al contacto ni a los objetos que han dejado atrás los extraterrestres, sino en cómo el ser humano sigue su vida sabiendo que existe vida en el espacio exterior pero es incapaz de comprenderla. Esto se refuerza con personajes con vidas cotidianas, que se ven obligados a adaptarse a la nueva vida que implica vivir cerca de Zonas, los lugares de contacto extraterrestre. Pillaje, contrabando, un estado pseudo militar. Son algunos de los elementos que acaban de redondear una historia sobre la condición humana en sí misma: como altera a la vida diaria el saber que no somos la única especie inteligente en el universo.

Al ser una obra rusa escrita en plena era de la Unión Soviética, se pueden buscar paralelismos con la obra y la vida que vivían los hermanos Strugatski: un estado represor en algunos aspectos y permisivo en otros, la corrupción general que reina en toda la sociedad, ése estado de miseria en el pueblo y excesiva glorificación de la ciencia. Incluso se puede pensar en La Zona como una suerte de Chérnobil, aunque la novela fue escrita con más de una década de antelación. De buscar conexiones, creo que es más acertado pensar en las ciudades nucleares y armamentísticas que existieron por entonces por toda Rusia y permanecían ocultas a la sociedad.

 

La hipótesis de Dios por ejemplo, ofrece una posibilidad incomparable de entenderlo absolutamente todo sin aprender absolutamente nada

Y es que los fragmentos de La Zona son las partes más emocionantes de la novela. Áreas casi desconocidas, llenas de peligros desconocidos e inexplicables. Especialmente en el último capítulo: un verdadero viaje a los infiernos que tanto personajes como lector saben que es una locura pero no pueden evitar ir. Así de potente es el magnetismo de La Zona.

Stalker: Pícnic extraterrestre es una lectura única. Una obra difícil de descifrar y enigmática que lleva a sus personajes y al lector a preguntarse si realmente saben qué es conocer, una eterna pregunta que los hermanos Strugatski plantean bajo el velo de una historia de supervivencia hostil. Nos vemos en La Zona.

 

 

Stalker. Pícnic Extraterrestre

Arkadi y Borís Strugatski, traducción de Raquel Marqués

2015, Ediciones Gigamesh (edición original 1972)

192 páginas

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