Todas las horas mueren – Miriam Beizana

El terreno de los autores indies en Internet (y digo Internet cuando podría decir Amazon Kindle Store, que es dónde realmente más visibilidad y mayor número de autores/as hay) es difícil de explorar. Muchos nombres, mucho título superventas dentro de sus tops internos, y todos con valoraciones tremendamente buenas. ¿Son todo novelones? La experiencia me dice que no. Pese a que me gusta leer nuevas propuestas, siento que es más por curiosidad o animar a nuevas voces a escribir que más que satisfacer mis ansias lectoras. La última novela indie que ha pasado por mis manos es Todas las horas mueren, una melancólica historia de la joven autora Miriam Beizana.

El Café de Fontiña se ha convertido en el alma de una villa. Allí, las horas parecen eternizarse. Las tazas están siempre a rebosar, las estanterías plagadas de libros y en la barra lucen siempre unas flores vivas y frescas. Tras dos décadas, la anciana dueña, Olivia Ochoa, no encuentra motivos suficientes para levantarse y seguir manteniendo la esencia de su Café. Las horas pasadas, como almas perdidas, regresan a su presente y le anuncian que su final no tardará demasiado. Pero todavía no. Porque Dorotea llamará a su puerta, como lo hizo Laura, como lo hacen los fantasmas. Y el tic-tac de la escritora deberá seguir sonando, porque sus horas no están resueltas a terminarse.

La sinceridad del dolor nos recuerda, una y otra vez, que estamos vivos

Esta novela corta está relacionada con el anterior libro de su autora, Marafariña. No es indispensable leerla para entender la historia de Todas las horas mueren, son independientes aunque estén relacionadas. La historia de Dorotea y Olivia gira sobre la melancolía, la pérdida, y los miedos ocultos que todos tenemos. Un relato trágico con sabor clásico, con drama de alto octanaje. Puede que demasiado incluso: como en todos los géneros, es tentador dejarse llevar por la corriente literaria y si hablamos de un drama, meter sin mesura penas, lloros, tragedias y mala suerte a la vida de las protagonistas. Ese exceso acaba haciendo el efecto contrario, y es colapsar emocionalmente al lector, de forma que o abandonas la novela, o no te la tomas en serio. La carretera, de Cormac McCarthy es una novela en la que sentí lo mismo que leyendo Todas las horas mueren: es una historia sin cuartel, sin resquicio para nada positivo. Eso es lo que parece en un principio, pero McCarthy se las arregla para ofrecer briznas de esperanzas en un terreno tan árido y desolador como el que narra en su libro. No tengo tan claro que la autora lo logre de igual forma aquí: la cadena de tristeza y melancolía general que inunda las páginas de su libro me hicieron que la lectura fuera farragosa; tampoco sus personajes bastante planos ayudaron a mejorar la sensación.

Para ser una novela breve, Todas las horas mueren se me hizo más pesado de lo que debería. Posiblemente, con una historia más reposada, dejando atrás el tornado de dramatismo efectista y telenovelesco que plantea, habría salido una historia que pese a ser bonita está contada de una forma poco limpia y muy masticada.

 

Todas las horas mueren

Miriam Beizana

2016,autoeditado

150 págs

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