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Ciencia ficción evolutiva

Pese a que me cuesta encontrarle un hueco a los clásicos en mis lecturas, cuando consigo hacerlo pocas veces me arrepiento. Aprovechando que Editorial Gigamesh ha sacado su reedición en formato Ómnium, su colección de bolsillo, me he animado a darle un tiento a La Guerra de las Salamandras, del  escritor polaco Karel Capek, al que se le atribuye la invención del término robot.

Las salamandras son unos animales pacíficos cuyas habilidades cautivan a una humanidad que cabalga a lomos del progreso tecnológico desbocado de la entreguerra. La industria es la primera en aprovechar su enorme potencial; poco después, los gobiernos de las potencias europeas las utilizan para impulsar la industria, expandir territorios y modernizar los ejércitos. Les suministran herramientas, conocimientos, armas y un futuro del que ellas tomarán las riendas para sus propios fines.


En la contraportada del libro figura una cita de Kurt Vonnegut, el conocido escritor de Matadero Cinco. No es casual, porque su estilo satírico y mordaz casa mucho con el de Capek en esta novela.  En tres actos muy diferenciados, el polaco nos describe como una antigua raza de salamandras es descubierta por Van Toch, un capitán holandés, y cómo ése encuentro fortuito acaba desembocando en algo mucho peor.

El primer acto se narra como una novela al uso, centrando el peso en el capitán y otros personajes como Provonda que sientan las bases de la futura catastrófe salamandril. El segundo acto, puede que algo más denso pero mucho más satírico y burlón, en el que a modo de crónica periodística (Capek ejerció de periodista) se nos explica cómo la sociedad reacciona ante la popularización de esta nueva raza de salamandras, hasta derivar a un tercer e último acto dónde todo concluye de forma esperable y el autor rompe la cuarta pared para lanzar su conclusión final.

 

 Mire hombre, los diablos no existen, y en caso de existir, serían igual que los europeos

 

Se compara mucho las salamandras con el nazismo, como ola que se tolera, que se intuye flecos oscuros, pero se tolera hasta que lo inunda todo. Capek falleció antes que el Tercer Reich invadiera su Polonia natal, pero otras obras como el filme de Chaplin El Gran Dictador, nos hace ver que el nazismo y sus consecuencias no eran invisibles en aquella época. Sin embargo, pese a que el paralelismo con el nazismo es coherente, realmente es aplicable a cualquier fenómeno similar, como las oleadas de nacionalismo extremo que vivimos actualmente.

Tampoco se debe perder de vista la fina crítica al capitalismo salvaje que fomenta el crecimiento de las salamandras, ni las reminiscencias colonialistas con las que se considera a las verdaderas protagonistas de la novela. Incluso se perciben ciertos apuntes críticos con el buenismo e humanización que sufren las salamandras a medida que avanza la novela. Brillantes algunos fragmentos en los que vemos como momentos decisivos para la evolución de la trama, ocurren  por casualidad por un bedel aburrido.


La Guerra de las Salamandras tiene muchísimas lecturas. Se explora desde todos los puntos como un fenómeno, en este caso el descubrimiento de una raza de salamandras muy adaptativas, afecta a la sociedad global, desde el codicioso empresario hasta el activista animalista. Se mofa de todas las posiciones desde una engrasada capa de sátira. Es absurdamente divertida hasta que descubres que puede que haya Andrias scheuchzeri latente en nuestras vidas.

 

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La guerra de las salamandras | Karel Čapek, traducción de Ana Falbrová | Ediciones Gigamesh | 2017 (edición original 1936) | 240 págs