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El primer libro de la saga La Rueda del Tiempo

La Rueda del Tiempo es una de las sagas de fantasía juvenil más conocidas. Iniciada en los años 90 por Robert Jordan, tuvo un éxito brutal desde el primer momento pero tuvo un final agridulce: Jordan fallecía en 2007 cuando estaba escribiendo el duodécimo e último libro. Brandon Sanderson, el popular escritor de fantasía actual, retomó el libro dónde lo dejó Jordan a partir de sus apuntes y terminó la saga en 14 libros en total. Casi nada.

La saga se editó en España por Timun Mas pero con varios libros divididos en dos partes; por suerte en 2019 Minotauro comenzó a reeditarlo pero con los volúmenes originales, supongo que en previsión del pico de éxito que alcanzará cuando Amazon Studios estrene la serie que prepara sobre la saga en Prime Video.

La vida de Rand Al’Thor y sus amigos en Campo de Emond ha resultado bastante monótona hasta que una joven misteriosa llega al pueblo. Moraine, una maga capaz de encauzar el Poder Único, anuncia el despertar de una terrible amenaza. Esa misma noche, el pueblo se ve atacado por espantosos trollocs sedientos de sangre, unas bestias semihumanas que hasta entonces se habían considerado una leyenda. Mientras Campo de Emond soporta la ofensiva, Moraine y su guardián ayudan a Rand y a sus amigos a escapar. 


Me ha pasado una cosa curiosa leyendo este primer volumen de La Rueda del Tiempo: si lo hubiera pillado en edad adolescente, me habría encantando. Tiene todo lo que se espera de un libro de fantasía juvenil arquetípica, además de ser larga de narices tanto por extensión de cada volumen (entre 600 y 800 páginas) y por estar formada por 14 libros. Un caramelito si te enganchas vaya. Pero con varios años y novelas leídas a mis espaldas, no me encaja nada.

Todo lo que plantea me recuerda demasiado a la obra cumbre de J.R.R. Tolkien: es un libro de fantasía juvenil similar a El Señor de los Anillos. En todo. Se puede hacer un paralelismo brutal entre personajes, situaciones, lugares de la obra de Tolkien y la de Jordan. La diferencia es la prosa más liviana de Jordan y por ende más dinámico, aunque menos bello y literario también. Puro disfrute de fantasía en lugar de tener el equilibrio para mñi excelente de El Señor de los Anillos.

 

—La cautela es el umbral de una larga vida, herrero.

 

 

Supongo que Eragon fue mi La Rueda del Tiempo: la leí de adolescente, con menos bagaje, y me gustó bastante. No me enamoró pero guardo un buen recuerdo de las novelas de Paolini. No fue un reencuentro muy grato cuando releí parte de ellas hará unos años. Si hubiera sido hijo de los 80, posiblemente la Dragonlance habría sido mi metadona fantástica, como lo fue con muchos niños de ésa época.

Con todo esto lo que quiero decir es que es una saga obsoleta a ojos de hoy. Disfrutable posiblemente para aquel que se trague todo lo que lleve fantasía en la etiqueta y tenga tiempo y paciencia suficiente. O incluso para el lector juvenil que El Señor de los Anillos se le pueda hacer bola, ya que su estilo a día de hoy es durete. A pesar de eso, casi que recomendaría antes la obra de otros autores de fantasía actuales como el mismo Sanderson antes mencionado para un público juvenil que la obra gigantesca de Jordan. Y para el que quiera un paso más, ahí está Malaz en toda su gloria.


La Rueda del Tiempo es esclava de la época. A día de hoy se queda en un pastiche de fantasía enorme y fastuoso que me cuesta recomendar. He disfrutado leyendo este primer volumen pero no lo suficiente como para seguir. Me cuesta ver un hueco para esta saga en el contexto actual: hay mucha buena fantasía juvenil donde elegir, mucha alta fantasía y muchos clásicos del género que han envejecido mucho mejor. Se queda en un punto muerto donde sólo los nostálgicos o muy cafeteros pueden disfrutarlo.

 

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COMPRAR EL LIBRO

 

La Rueda del Tiempo 1: el ojo del mundo

Robert Jordan, traducción de Dolors Gallart, revisión de Mila López

Ediciones Minotauro, 2019 (edición original 1990), 832 páginas